I
Mi nombre es
Angelina López, tengo cuarenta y cinco años y nunca he recibido una carta, he
tenido amantes, acosadores, dos esposos y ni uno de ellos me ha mandado una
sola carta, no sé lo que se siente, como ya lo he dicho varias veces soy virgen
en estas cuestiones que quizás ustedes crean que son vánales, al igual que el
pobre siente que es inútil los frac de siete mil lempiras, sin embargo el rico
siente que es algo indispensable de su esencia.
Este problema no
había despertado interés en mí, hasta que cumplí los 40 años, quizás fueron los
efectos de la depresión al saber que estoy sola a esta edad y que ninguno de
mis matrimonios había funcionado.
Cuarenta y cinco
años y estoy sola, ¿cómo no va a deprimirme esta situación?, si mi época dorada
ya ha pasado y la otra mitad de mi vida la viviré sentada en un sillón de mi
casa. –Es la ventaja de no tener hijos, no puedes ir a un asilo.- sólo me queda
esperar la muerte, -“esperar”, esta es la palabra más dura del diccionario-. Como
el tiempo es lo que me sobra, he podido reflexionar sobre el asunto, le dado vueltas y vueltas, he pensado en todo
los posibles puntos que se pueda tener, como por ejemplo: ¿Quiénes reciben más
cartas? ¿Un Papa o un presidente?, incluso he llegado a la conclusión de que es
más probable que un vagabundo reciba una carta a que yo la reciba en el resto
de vida que me queda. Si lo piensan bien, ellos quizás tuvieron amigos en otras
calles que se preocupan por ellos.
No es que no tenga
amigos, el hecho es que mis amigos ya murieron o algo así me informaron ciertos
parientes, que tuvieron el descaro de llamarme por teléfono hubiese sido bueno
alguna carta, con la cual pueda recordad las palabras exactas. Aunque a veces
sospecho que algunas de estas muertes sólo fueron metafóricas, es decir matar los
recuerdos que alguna vez se construyeron con el tiempo.
Mario Santos.
inicio
siguiente capitulo
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A veces, no recibir cartas, nos aislado del mundo y puede que nos proteja del miedo al dolor propio y ajeno, pero recibirlas, nos despierta los sentidos y sentimientos, o nos descubre lo aislados que estamos del mundano mundo, coqueteando con la soledad.
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