Mi nombre es Gabo
Martinez y soy el cartero de la Residencia La Placita, aunque parezca
contradicción nunca he enviado una carta, lo sé, es patético e incluso poco
varonil, que esto me sea un mal, aún no sé porque lo es, quizás sea por el
hecho de que no tengo nada que contar. Y esto me parece una falta de respeto
hacía el receptor, hacerle perder todo el esfuerzo empleado para leer una
carta; bajar las escaleras, salir a la calle, abrir el contenedor y leer todos
los sobres hasta encontrar uno que no sea facturas de un banco o avisos de
embargo, después correr hasta el comedor con las esperanza de que alguien te ha
recordado, abres el sobre con un rostro de fanático ilusionado. Sólo para abrir
una carta que al leerla dice:
-No te preocupes,
todo está bien- ¿Por qué envían este tipo de cartas? Esto es una total
vulgaridad; es como que alguien llame al ciento noventa y nueve y diga:
-Policía nacional,
¿cuál es su emergencia?
- No se preocupen,
todo está bien.-
Si ni a la policía
le interesa que la vida transcurra con regularidad (que es su deber), ¿Por qué
debería importarle a otra persona? Y en caso que ocurra algo trascendental en
la vida ¿Por qué deberías de notificárselo a alguien? Acaso son presientes o
altos ejecutivos que sólo tienen que recibir noticias importantes.
Todo esto lo digo,
por todas las cartas que he recibido de mis amigos, todas son una vulgaridad,
me doy lástima porque son mis amigos y no los de otros, creo que no puedo
conseguir algo mejor que a ellos. Lo que es peor del caso, a veces uno termina
siendo el problema, esta quizás sea una muy probable opción ya que la mayoría
de las personas tienden a decirme que soy narcisista- como no serlo con tantos
espejos en mi casa- Pero en mi defensa no es mi culpa que yo me ame y tenga
cierto desapego hacía otras personas la culpa es de ellos que no se aman y se
apegan empalagosamente hacía los demás.
Regresando al
asunto: no he enviado ni una sola carta porque nadie lo merece.


No escribir una carta no creo que sea tan patético, quizás no ya llegado el momento aún, lo verdaderamente patético sería, no pensar en ello.
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