Hoy decide levantarme a las cinco y treinta a esperar al cartero, sólo
para investigar si este señor pasa por la casa 2004, puede ser que el letrero
que contiene mi número de casa sea muy pequeño o que estén sucios los números. Pero
de esto último me encargue ayer.
Vi llegar al cartero como a eso de las cinco y cuarenta, miró el número
de casa y busco en su bolso, me vio en la ventana, sonrió y me dijo que no con
la cabeza y encogiendo los hombros. Ahora que lo pienso me sonrió, no sé si lo
o lo hizo por simple simpatía o por misericordia ya que sólo él sabe en toda la
residencia que yo estoy fallecida para mis cercanos, también puede ser que lo
hizo con intención de querer algo más, ya que sabe que estoy sola y que necesito
la compañía de alguien, No sé porque asumo tontamente que necesito a alguien.
Ni sé porque suspiro cuando pienso en ello.
Quizás es porque deseo que suene el teléfono como cuando tuve 20, una
veces quería contestar otras no, ahora daría todo mi cuerpo, porque suene ese
teléfono a diario. Aún no tengo el valor de prostituirme, aunque dudo que tenga
valor alguno en ese mercado, ya pasaron muchos años además las mujeres no somos
como el vino, en el mejor de los casos somos un artilugio antiguo. No es culpa
de los hombres, en muchas ocasiones uno termina siendo el problema, y simplemente
nos omitimos, mientras le untamos el pecado a otro, sin percibirnos que el
bumerán siempre regresa a su comienzo.
Mario Santos


Cuando nos abraza la soledad, que pequeños se hacen los deseos, y que grande la ansiedad.
ResponderEliminarPreciosa carta amigo.