lunes, 16 de marzo de 2015

Las Cartas de un cartero: Capitulo III

Hoy decide levantarme a las cinco y treinta a esperar al cartero, sólo para investigar si este señor pasa por la casa 2004, puede ser que el letrero que contiene mi número de casa sea muy pequeño o que estén sucios los números. Pero de esto último me encargue ayer.
Vi llegar al cartero como a eso de las cinco y cuarenta, miró el número de casa y busco en su bolso, me vio en la ventana, sonrió y me dijo que no con la cabeza y encogiendo los hombros. Ahora que lo pienso me sonrió, no sé si lo o lo hizo por simple simpatía o por misericordia ya que sólo él sabe en toda la residencia que yo estoy fallecida para mis cercanos, también puede ser que lo hizo con intención de querer algo más, ya que sabe que estoy sola y que necesito la compañía de alguien, No sé porque asumo tontamente que necesito a alguien. Ni sé porque suspiro cuando pienso en ello.
Quizás es porque deseo que suene el teléfono como cuando tuve 20, una veces quería contestar otras no, ahora daría todo mi cuerpo, porque suene ese teléfono a diario. Aún no tengo el valor de prostituirme, aunque dudo que tenga valor alguno en ese mercado, ya pasaron muchos años además las mujeres no somos como el vino, en el mejor de los casos somos un artilugio antiguo. No es culpa de los hombres, en muchas ocasiones uno termina siendo el problema, y simplemente nos omitimos, mientras le untamos el pecado a otro, sin percibirnos que el bumerán siempre regresa a su comienzo.


                                                                      Mario Santos

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1 comentario:

  1. Cuando nos abraza la soledad, que pequeños se hacen los deseos, y que grande la ansiedad.
    Preciosa carta amigo.

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